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¿Algas contra el cambio climático?

Sábado, septiembre 29, 2007

¿Algas contra el cambio climático?

Por Julio Godoy* – IPS/IFEJ

Científicos prueban la capacidad de las algas para absorber dióxido de carbono
y generar a partir de su propia biomasa un combustible menos contaminante que
la gasolina.

BERLÍN, 24 sep (Tierramérica).-
Investigaciones sobre el uso de algas para capturar dióxido de carbono están
cambiando la percepción negativa de esos organismos, vistos como una plaga
asociada a la contaminación agrícola.

Hasta hace muy poco, la proliferación de algas era vista como una consecuencia
indeseable del abuso de agroquímicos, cuyos resultados inmediatos eran
pestilencia, irritaciones cutáneas y la muerte de la fauna acuática, en
especial marina, por falta de oxígeno.

Pero su potencial para absorber uno de los gases de efecto invernadero,
causantes del recalentamiento planetario, puede resultar clave para evitar
catástrofes ambientales. Como los vegetales, las algas consumen carbono durante
la fotosíntesis.

“Tomamos algas del océano, las instalamos en recipientes plásticos en
invernaderos, donde las alimentamos con dióxido de carbono emitido por
generadores eléctricos convencionales”, explicó en una entrevista el biogeólogo
Laurenz Thomsen, de la Universidad Jacobs, en la septentrional ciudad alemana
de Bremen.

“Expuestas a la luz solar, las algas transforman el dióxido de carbono en
biomasa que puede ser utilizada después como biodiésel, cuya combustión no
emite gases invernadero”, añadió.

El Greenhouse Gas Mitigation Project (GGMP, Proyecto de mitigación de gases de
efecto invernadero) es coordinado por Thomsen, con cooperación de la
Universidad Superior Politécnica, también de Bremen, el Instituto Alfred
Wegener para la Investigación Marina y varias compañías, como el proveedor
europeo de electricidad E.ON.

Thomsen bautizó “Algenreactor” (reactor a base de algas) al pequeño
invernadero experimental instalado en la Universidad Jacobs, donde las algas
transformaron el carbono en combustible orgánico. El proyecto sólo funciona en
fase experimental, produciendo hasta ahora medio litro de biodiésel.

“El diésel que refinamos aquí es absolutamente orgánico. Satisface las
normas europeas. Confío en que podremos pasar a una fase industrial en los próximos
meses”, agregó Thomsen.

Fritz Henken-Mellier, director de la central termoeléctrica de Farge, situada
en las afueras de Bremen, coincide con esa previsión. Algunas de las emisiones
de dióxido de carbono de esa generadora que funciona a carbón fueron capturadas
por el GGMP.

“Seguramente necesitemos construir un invernadero mucho mayor, de cientos
de metros cuadrados, para que la captura del dióxido de carbono y la producción
de biodiésel correspondan a las dimensiones de una central comercial”, dijo
entrevistado para este artículo.

Henken-Mellier calcula que “la captura de sólo 10 por ciento de los gases
emitidos por el generador de Farge implica reducir unas 600 toneladas diarias
de dióxido de carbono”.

Según Thomsen, la superficie de un invernadero capaz de absorber el dióxido de
carbono de un generador de 350 megavatios y de transformarlo en biodiésel,
debería ser de unos 25 kilómetros cuadrados y tendría costos de unos 480
millones de dólares.

La suma es pequeña comparada con las de cultivos convencionales para obtener
biodiésel y reducir los gases nocivos en dimensiones similares a las del
“reactor a base de algas”. Una plantación equivalente de colza, por
ejemplo, puede costar hasta 25 veces más.

Pero el proyecto de Thomsen no convence a todos. “Esos cálculos son muy
ingenuos”, aseguró Karl-Herrmann Steinberg, director de la productora de
algas más importante de Europa central, situada en la septentrional ciudad
alemana de Kloetze.

“Los costos del cultivo de algas, eliminación del agua y destilación del
aceite combustible son muy altos como para que la idea sea rentable a escala
industrial”, aseguró Steinberg.

Thomsen admite que la ubicación de los invernaderos debe decidirse en función
de la presencia de luz solar. En el norte de Alemania, con pocas horas de sol
por año, el modelo no funcionaría. “Los invernaderos tendrían que
instalarse en el sur y sudeste de Europa”, dijo.

“Ya estamos negociando con firmas alemanas y extranjeras, de Brasil e
India, que manejan grandes cultivos de algas”, agregó.

El GGMP no es el único proyecto de su tipo. Durante la primera crisis petrolera
mundial, en los años 70, científicos estadounidenses concibieron un proceso
similar de transformación de algas en biodiésel. Pero el intento fue abandonado
en 1996, cuando los bajos precios del hidrocarburo pusieron fin a los
incentivos para investigar en combustibles orgánicos.

Ahora, con la actual crisis energética y ambiental, la compañía estadounidense
GreenFuel, del nororiental estado estadounidense de Massachusetts, planifica un
invernadero de por lo menos un kilómetro cuadrado para 2009.

“Para capturar el dióxido de carbono liberado por un generador de mil
gigavatios, necesitaremos un invernadero de algas de entre ocho y 16 kilómetros
cuadrados, que produciría más de 150 millones de litros de biodiésel y 190
millones de litros de etanol”, dijo Isaac Berzin, de GreenFuel.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida
en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de
Federación Internacional de Periodistas Ambientales)

 


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