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El genoma de las algas marinas puede tener la clave para la adaptación al cambio climático
El genoma de las algas marinas puede tener la clave para la adaptación al cambio climático
20 de junio de 2011
Las algas pardas marinas Ectocarpus siliculous son «algas resistentes» que han evolucionado para sobrevivir en un medio ambiente litoral muy riguroso, caracterizado por cambios de las mareas, de la intensidad luminosa, la temperatura, la salinidad y la acción de las olas.
Además, las algas pardas son mucho más antiguas que las plantas terrestres y es necesario desentrañar y comprender sus numerosas propiedades metabólicas para que sirvan de base al desarrollo de nuevos productos y tecnologías.
Las algas podían ser utilizadas
Noticias científicas: Las algas podían ser utilizadas
para producir biocombustible
Noticias científicas: Las algas podían ser utilizadas para producir biocombustible. Varios estudios científicos y conocimientos
prácticos sobre las últimas dos décadas o más en los esfuerzos de tratamiento
de aguas residuales, han puesto de manifiesto, que el combustible de algas podría ser una mejor
alternativa a los combustibles fósiles en las próximas décadas.
Sin embargo, el aumento de capital y costos de operación
para extraer el combustible se combina con otros resultados
científicos, ello disuade la producción en masa. Los estudios actuales, sin
embargo, revelan que estos obstáculos se pueden eliminar para producir biocombustible renovable
comercialmente viable a gran escala mediante la comercialización de una de las
siete variedades de algas se encuentran en termas romanos.
Debido a su fácil recolección en condiciones
favorables de temperatura, y el contenido rico en petróleo, estas algas podría
ser la próxima gran opción para la producción de combustible.
Las algas, que es un depósito natural, libre en canales
de drenaje y de aguas residuales, podrían ser la clave para el exitoso desarrollo de biocombustibles, así como un medio
eficaz para el reciclaje de dióxido de carbono en la atmósfera.
Algas de mar en concervas
Sep 16, 2008 | Noticias
Existen pocos productos más
naturales y ricos en nutrientes que una simple alga marina en conserva. En
Porto-Muiños han desarrollado un amplio catálogo de estas delicatessen marinas
que hacen que el sabor del océano impregne los platos que con ellas se
preparan.
El alga Wakame, de nombre
asiático, se ha naturalizado en las costas españolas y se considera la variedad
más utilizada en todo el mundo como complemento alimenticio. Su sabor,
intensamente marino como el de las ostras, hace que cualquier alimento que la
acompañe gane presencia. Según las sugerencias de Porto-Muiños, cruda es un
alga excelente, así como salteada o cocida, y como guarnición de diversos tipos
de platos.
El Espagueti de Mar ha tomado
su nombre de la forma fina y alargada de sus hojas. Es un alga rica en
proteínas, fibra, vitaminas y minerales, y su sabor recuerda en boca al de las
almejas o los berberechos. Según Porto-Muiños, “su sabor, forma y
consistencia la convierten en una de las algas marinas con más aplicaciones
gastronómicas”.
El Kombu es otra especie
atlántica que comercializa esta conservera gallega. Sus cintas son de
consistencia gruesa y carnosa, y presentan una gran capacidad espesante por su
alto contenido en fibra soluble. Una de las sugerencias es utilizarlas para
envolver arroz, pescados o carnes. Su parienta, Kombu de Azúcar, destaca sobre
todo por su suave sabor un poco dulce y de textura ligeramente crujiente.
La lechuga de mar es un alga
laminar de brillante color verde, que se recoge de encima de las rocas del
litoral durante la primavera. Igual que la lechuga común, esta alga es muy
sabrosa para elaborar ensaladas, como guarnición, o como lecho en platos de
pescado o marisco.
El alga Nori es otra de las
más conocidas por los amantes de la gastronomía asiática, aunque también se
encuentra de forma natural en algunas costas españolas como la atlántica. Se
trata del alga más utilizada en todo el mundo por su intenso sabor a mar y sus
excepcionales cualidades nutritivas. Según las sugerencias de Porto-Muiños,
“aunque se trata de una lámina muy fina, es también muy consistente, por
lo que precisa ser cocida, tostada o frita para poder ser saboreada”.
Finalmente, el Musgo de
Irlanda es otra de las variedades comercializadas por esta empresa gallega, que
también trabaja otros productos muy requeridos en la alta cocina como los
erizos de mar, en concreto el Paracentrotus lividus, sin duda una de las
variedades más sabrosas y nutritivas del mundo. En conservas Porto-Muiños los
recojen en las mejores zonas y han observado que su calidad parece depender de
la naturaleza de las algas de las que se alimentan un poco antes del desove,
momento en que sus huevas son más grandes, consistentes y sabrosas.
¿Algas contra el cambio climático?
Sábado, septiembre 29, 2007
¿Algas contra el cambio climático?
Por Julio Godoy* – IPS/IFEJ
Científicos prueban la capacidad de las algas para absorber dióxido de carbono
y generar a partir de su propia biomasa un combustible menos contaminante que
la gasolina.
BERLÍN, 24 sep (Tierramérica).-
Investigaciones sobre el uso de algas para capturar dióxido de carbono están
cambiando la percepción negativa de esos organismos, vistos como una plaga
asociada a la contaminación agrícola.
Hasta hace muy poco, la proliferación de algas era vista como una consecuencia
indeseable del abuso de agroquímicos, cuyos resultados inmediatos eran
pestilencia, irritaciones cutáneas y la muerte de la fauna acuática, en
especial marina, por falta de oxígeno.
Pero su potencial para absorber uno de los gases de efecto invernadero,
causantes del recalentamiento planetario, puede resultar clave para evitar
catástrofes ambientales. Como los vegetales, las algas consumen carbono durante
la fotosíntesis.
“Tomamos algas del océano, las instalamos en recipientes plásticos en
invernaderos, donde las alimentamos con dióxido de carbono emitido por
generadores eléctricos convencionales”, explicó en una entrevista el biogeólogo
Laurenz Thomsen, de la Universidad Jacobs, en la septentrional ciudad alemana
de Bremen.
“Expuestas a la luz solar, las algas transforman el dióxido de carbono en
biomasa que puede ser utilizada después como biodiésel, cuya combustión no
emite gases invernadero”, añadió.
El Greenhouse Gas Mitigation Project (GGMP, Proyecto de mitigación de gases de
efecto invernadero) es coordinado por Thomsen, con cooperación de la
Universidad Superior Politécnica, también de Bremen, el Instituto Alfred
Wegener para la Investigación Marina y varias compañías, como el proveedor
europeo de electricidad E.ON.
Thomsen bautizó “Algenreactor” (reactor a base de algas) al pequeño
invernadero experimental instalado en la Universidad Jacobs, donde las algas
transformaron el carbono en combustible orgánico. El proyecto sólo funciona en
fase experimental, produciendo hasta ahora medio litro de biodiésel.
“El diésel que refinamos aquí es absolutamente orgánico. Satisface las
normas europeas. Confío en que podremos pasar a una fase industrial en los próximos
meses”, agregó Thomsen.
Fritz Henken-Mellier, director de la central termoeléctrica de Farge, situada
en las afueras de Bremen, coincide con esa previsión. Algunas de las emisiones
de dióxido de carbono de esa generadora que funciona a carbón fueron capturadas
por el GGMP.
“Seguramente necesitemos construir un invernadero mucho mayor, de cientos
de metros cuadrados, para que la captura del dióxido de carbono y la producción
de biodiésel correspondan a las dimensiones de una central comercial”, dijo
entrevistado para este artículo.
Henken-Mellier calcula que “la captura de sólo 10 por ciento de los gases
emitidos por el generador de Farge implica reducir unas 600 toneladas diarias
de dióxido de carbono”.
Según Thomsen, la superficie de un invernadero capaz de absorber el dióxido de
carbono de un generador de 350 megavatios y de transformarlo en biodiésel,
debería ser de unos 25 kilómetros cuadrados y tendría costos de unos 480
millones de dólares.
La suma es pequeña comparada con las de cultivos convencionales para obtener
biodiésel y reducir los gases nocivos en dimensiones similares a las del
“reactor a base de algas”. Una plantación equivalente de colza, por
ejemplo, puede costar hasta 25 veces más.
Pero el proyecto de Thomsen no convence a todos. “Esos cálculos son muy
ingenuos”, aseguró Karl-Herrmann Steinberg, director de la productora de
algas más importante de Europa central, situada en la septentrional ciudad
alemana de Kloetze.
“Los costos del cultivo de algas, eliminación del agua y destilación del
aceite combustible son muy altos como para que la idea sea rentable a escala
industrial”, aseguró Steinberg.
Thomsen admite que la ubicación de los invernaderos debe decidirse en función
de la presencia de luz solar. En el norte de Alemania, con pocas horas de sol
por año, el modelo no funcionaría. “Los invernaderos tendrían que
instalarse en el sur y sudeste de Europa”, dijo.
“Ya estamos negociando con firmas alemanas y extranjeras, de Brasil e
India, que manejan grandes cultivos de algas”, agregó.
El GGMP no es el único proyecto de su tipo. Durante la primera crisis petrolera
mundial, en los años 70, científicos estadounidenses concibieron un proceso
similar de transformación de algas en biodiésel. Pero el intento fue abandonado
en 1996, cuando los bajos precios del hidrocarburo pusieron fin a los
incentivos para investigar en combustibles orgánicos.
Ahora, con la actual crisis energética y ambiental, la compañía estadounidense
GreenFuel, del nororiental estado estadounidense de Massachusetts, planifica un
invernadero de por lo menos un kilómetro cuadrado para 2009.
“Para capturar el dióxido de carbono liberado por un generador de mil
gigavatios, necesitaremos un invernadero de algas de entre ocho y 16 kilómetros
cuadrados, que produciría más de 150 millones de litros de biodiésel y 190
millones de litros de etanol”, dijo Isaac Berzin, de GreenFuel.
* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida
en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de
Federación Internacional de Periodistas Ambientales)